La noche ya había caído por completo sobre la hacienda cuando Taylor puso en marcha la camioneta para regresar a casa. El bar quedaba atrás, iluminado por letreros parpadeantes y el sonido amortiguado de la música que escapaba por las puertas abiertas. Catarina, más animada que nunca, había decidido aprovechar el viaje con Maurício y se marchó abrazada a él, dejando claro que no tenía la menor intención de soltar a su novio tan pronto.—¡Hazme caso, cuñada! —gritó Catarina entre risas, antes de cerrar la puerta del coche de Maurício—. ¡Esta noche la diversión no termina en el bar!Lila soltó una risita, algo avergonzada, y levantó la mano para despedirse. Taylor, al volante, le lanzó una mirada de reojo, pero no dijo nada. Simplemente aceleró, dejando el estacionamiento atrás.Ahora solo estaban ellos dos dentro de la camioneta.El silencio de los primeros minutos era cómodo, pero pronto el peso de las bromas y del alcohol comenzó a hacerse notar. Lila, con el cabello suelto cayendo e
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