La noche ya había caído por completo sobre la hacienda cuando Taylor puso en marcha la camioneta para regresar a casa. El bar quedaba atrás, iluminado por letreros parpadeantes y el sonido amortiguado de la música que escapaba por las puertas abiertas. Catarina, más animada que nunca, había decidido aprovechar el viaje con Maurício y se marchó abrazada a él, dejando claro que no tenía la menor intención de soltar a su novio tan pronto.
—¡Hazme caso, cuñada! —gritó Catarina entre risas, antes de