ARES BECKETTObservé la escena con los brazos cruzados para impedirme pasar a la acción con las manos. Vi el momento exacto en que Rubi suspiró, derrotada por su propio corazón blando, y asintió con la cabeza.— Está bien, Domenico. Haré el desfile mañana.El diseñadorcito de tienda de barrio soltó un suspiro tan dramático que parecía acabar de ser rescatado de un naufragio. Sus ojos brillaron de alivio y abrió los brazos, dando un paso al frente con la clara intención de abrazar a mi esposa.¡Ah, pero ni sobre mi cadáver!Di un paso largo y rápido, metiendo mi cuerpo perfectamente en medio de los dos.— Perfecto, problema resuelto. Ya que terminaron su reunión de negocios en medio de la calle, nosotros nos vamos. — declaré, cortándole la alegría al diseñadorcito.Tomé la mano de Rubi, sin darle a Bane la oportunidad de decir ni una sola palabra más, y la jalé hacia la acera para llamar un taxi.— ¿Podrías ser más educado? Ni siquiera pude despedirme. — bufó Rubi, soltando su mano de
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