MielMe giré sobre mi espalda y miré hacia el techo, con todas esas caritas desanimadas e inocentes pasando por mi mente. Entre trabajar en dos empleos, siempre me las arreglaba para hacer tiempo para dar unas cuantas vueltas por el orfanato. No para bañarlos o alimentarlos —había suficientes ancianas de aspecto miserable con coletas grises haciendo ese trabajo—. Fui allí para jugar con ellos. Para sentarme en el suelo junto a ellos y jugar a las cartas, al snap, a las serpientes y escaleras, a cualquier cosa que quisieran. Y, sobre todo, me sentaba allí a reír con ellos, manteniendo esa sonrisa valiente en mi rostro porque quería que supieran que yo estaba allí porque quería estarlo. No porque tuviera que hacerlo.Espera. ¿Era eso… era eso lo que Elena estaba tratando de decirme?—Leonardo es un hombre poderoso.Me senté apoyada sobre mis codos, frunciendo los labios, y miré a, bueno… nada. El pensamiento solo permaneció en mi cabeza durante unos minutos más antes de que el terror de
Leer más