ETHAN LANCASTER - CAPÍTULO 0041Volver a casa después de semanas en el hotel fue casi un alivio que no esperaba sentir. Mi mansión parecía más imponente que nunca cuando crucé el portón, pero también más silenciosa, si se comparaba con el ruido constante del hotel. Sin embargo, era demasiado grande para un solo hombre, lo sabía. Pero me gustaba. Me gustaba el espacio, tener mi privacidad. Me gustaba no tener que dar explicaciones a nadie.Apenas abrí la puerta, el sonido de unas patas resonó por el vestíbulo de entrada. Un gruñido alegre, seguido de un ladrido familiar, me dio la bienvenida.—¡Thor! —lo llamé, agachándome cuando el labrador negro corrió hacia mí, moviendo la cola con entusiasmo.Me rodeó con aquella energía contagiosa, como si no me hubiera visto en años, lamiéndome las manos e intentando saltar sobre mí. Me reí solo, algo poco común. Acaricié su brillante pelaje, sintiendo aquel calor canino reconfortarme.—Por lo menos tú estás feliz de verme, ¿verdad, chico? —murmu
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