KATHERINE SALLES - CAPÍTULO 0049
Alrededor de las once de la mañana, sonó el teléfono. Era Helena.
—Katherine, baja ahora mismo —dijo con su voz firme y elegante—. Te estoy esperando frente a la empresa.
Respiré hondo, tomé mi bolso y me dirigí hacia la salida, intentando ordenar mis ideas antes de encontrarme con ella. El elegante automóvil negro ya estaba estacionado, y Helena me saludó con la mano en cuanto me vio cruzar la calle.
—¡Buenos días, Katherine! —me saludó con una cálida sonrisa—.