ArthurElla estaba allí.Sentada en la encimera de mármol, pierna abierta, la boca roja, la mirada desafiante. La braguita en el suelo. El sujetador caído. El pecho marcado de rojo donde había mordido. Y yo con el pantalón a medio muslo, la polla palpitando de deseo, el olor de ella en mi dedo, en mi boca, en mi pecho.Sabía que si dejaba pasar esta oportunidad, me arrepentiría.— Cállate — ordené. No era enfadado. Era una orden.Y entré.Su gemido fue ahogado, pero lo oí. Lo sentí.Su carne caliente, apretada, mojada — tragándome por completo.Apreté con fuerza su cintura y empecé a embestir. Sin cariño, sin conversación. Solo el sonido de mi cadera chocando contra la suya, la encimera rechinando, su cuerpo reaccionando. Intentaba mantener el control, pero vi su rostro perderse.Agarré su cabello. Tiré con fuerza hasta que su cuello quedó bien expuesto. Mordí allí. Dejé marca. Gimió de nuevo.¿Quería fuego? Iba a quemarla entera.Solté su cabello. Le di una bofetada en la cara. Seca.
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