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— ¿¡USTEDES QUÉ!? — Bia simplemente gritó a pleno pulmón.
Su voz estridente resonó con la potencia de una sirena por cada rincón del anfiteatro universitario. En menos de medio segundo, absolutamente todos los cincuenta alumnos presentes en la sala giraron la cabeza en sincronía perfecta para mirarnos. Hasta la profesora Leona, que estaba en medio de un razonamiento complejo escribiendo con vigor en la pizarra, detuvo el movimiento bruscamente, la tiza quedando suspendida en el aire a milíme