Estaba con la espalda apoyada en la almohada, en reposo, pero me sentía mejor. El peor dolor ya había pasado.— ¿Quiénes son las bellezas de mamá? — Pregunté con voz infantil, extendiendo mi mano hacia mis bebés.Isabella y Bernardo extendieron sus bracitos hacia mí, pidiendo que los cogiera en mi regazo.— Ya te he dicho que no puedes cargar peso, Luisa. — Dominic me censuró, viendo a nuestros hijos inquietos en sus brazos.— No seas gruñón. — Contraataqué con ligereza, ignorando su queja. — Ponlos a mi lado en la cama, necesito tenerlos cerca. — Le dije.Después de pasar por tantas cosas, necesitaba tener a mis bebés conmigo.Necesitaba tocarlos y saber que todo había terminado bien, que todo lo que había hecho había, finalmente, puesto una estaca en un pasado que jamás volvería a atormentarnos, saber que mi familia estaba bien a mi lado sin miedos.Dominic suspiró, cediendo a mi mirada.— Está bien, mi ángel. — Los puso, Isabella y Bernardo, justo a mi lado en la cama, y se sentó e
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