Capítulo 74Stella BlakeLa rutina comenzó a reorganizarse. Despacio. Como una casa que se arregla después de la tormenta. Dominic empezó a venir todos los días. Por la mañana, para llevar a Alana al colegio. Por la tarde, para recogerla. En el camino, merendaban en el parque, helado en la esquina, paseo por el centro comercial. Aprendía sus gustos: fresa, no chocolate; dibujo, no pintura; muñeca, no coche. Aprendió que llora cuando ve una película triste, que se ríe cuando le hacen cosquillas, que entrecierra los ojos cuando miente — igual que él.Yo observaba desde lejos. La mayoría de las veces, me quedaba en el banco del parque, en el coche, en la puerta del colegio. No quería estorbar. No quería sentir. Pero sentía. Cada risa de ella era un puñetazo en el pecho. Cada mirada de él era un recordatorio de lo que habíamos perdido.Meg no se cansaba de repetir.— Lo estás dejando entrar.— Lo estoy dejando ser padre.— Ser padre es diferente a ser marido.— No quiero marido.— Sí quie
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