66. UN HERMOSO RENACER
El sueño se hizo realidad. Todavía con el frío entrando a su cuerpo, con el castañeo de sus dientes, y un dolor físico que no le ayudaba a pensar como debería, Cristina sonrió entre lágrimas, cuando el rostro, diminuto, fruncido entre lágrimas de sus hijos estuvieron frente a ella. Su corazón saltó y el dolor que alguna vez fue su eje, lo que sentía, lo único que la sacaba de ensueño dio paso a la felicidad.Se los acercaron a su rostro, y allí su dolor se esfumó para siempre. Cristina renació para siempre. No lo podía creer. Sus bebés, allí, consintiendo su corazón y haciéndola la mujer más feliz del universo.—Mis bebés —sollozó mientras los besaba—. Mis hermosos b-bebés.—Regresaremos con ellos en unos minutos —Elisa avisó con una sonrisa tras la mascarilla. Significaba que se irían y se llevarían a sus hijos, y era lo que menos quería. No pudo hablar por el frío, y aunque Elisa se alejó, su corazón se contuvo de pedirle que se los dejaran por más tiempo.Cristina cerró los ojos po
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