51. AMENAZA
CAPITULO 50A René le daba curiosidad las razones que tendría Aureliano para hablar con su esposa. Estuvo a punto de encender la cámara de la casa, pero no haría esas cosas como para romper la confianza con su Cristina. Ya ella misma se lo diría, o se lo preguntaría cuando fuese necesario.Aquel día resultaría ajetreado, y temprano en la mañana, tenía amontonado una pila de documentos por verificar que Pilar traía cada media hora. Lo único que lo concentraba era tener a su preciosa esposa en la mente, y no pensar en más nada. Deseaba llegar a la noche, deseaba acariciarla, tocarla, acostumbrarla a su cuerpo y a sus labios para volver a adicta a él, así como él era ya adicto a ella.Mientras las horas pasaban, René observó el retrato en una de las repisas de la oficina. Era su familia tiempo antes de la tragedia de su padre. Desvió la mirada, pensativo. A su mente llegó el recuerdo, que lo mantuvo pensativo en si decidir o no, y se puso de pie.—Saldré —avisó a Pilar sin más mientras s
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