La boda fue en octubre, cuando el jardín de la mansión todavía tenía las últimas flores del verano y el aire ya empezaba a traer ese frío suave que anunciaba el otoño.Elena llegó caminando desde la casa, sin auto, porque había insistido en que quería sentir cada paso hasta llegar a donde Mateo la esperaba. Llevaba un vestido simple, sin nada exagerado, que había elegido ella misma después de descartar media docena de opciones que Valentina le había sugerido con demasiado entusiasmo.Su padre la acompañó hasta el altar improvisado bajo los árboles.—Estás hermosa —dijo Marco, con la voz un poco quebrada.—Gracias, papá.Mateo la esperaba con Dante a un lado, como padrino, y Sofía adelante con un vestido que efectivamente no era rosa, sino de un verde oscuro que había elegido ella misma con una seguridad que a sus doce años ya parecía definitiva.La ceremonia fue corta, como Elena había pedido. Dijeron los votos que habían escrito cada uno por separado, sin mostrarlos antes al otro, y c
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