CAPÍTULO ONCEAlex estaba sentado en su oficina, recordando sus propias palabras. Le había dicho que se preparara para ello, pero no pensaba, bajo ningún concepto, forzarla, porque aquello no era culpa de ella. Por supuesto, tenía sus propias maneras retorcidas de conseguir que las cosas se hicieran, pero forzar a alguien no iba con su estilo.Sus pensamientos fueron interrumpidos por un golpe en la puerta. Permitió que la persona entrara y George apareció con una carpeta en las manos.—Señor, se necesita su firma en estos papeles —informó George, dejando el archivo frente a él y permaneciendo de pie con paciencia.Alex echó un vistazo a los papeles, los leyó primero y luego firmó antes de devolvérselos a George.—¿Se han encargado ya de Ella? —preguntó, y George titubeó, tratando de formular una respuesta.—Señor, amenaza con montar un escándalo mediático. No dio detalles, pero se fue con una advertencia y de un humor de perros. —George no dejaba de mirar el rostro de su jefe con ner
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