CAPÍTULO ONCE
Alex estaba sentado en su oficina, recordando sus propias palabras. Le había dicho que se preparara para ello, pero no pensaba, bajo ningún concepto, forzarla, porque aquello no era culpa de ella. Por supuesto, tenía sus propias maneras retorcidas de conseguir que las cosas se hicieran, pero forzar a alguien no iba con su estilo.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por un golpe en la puerta. Permitió que la persona entrara y George apareció con una carpeta en las manos.
—Señor,