CAPÍTULO DIECINUEVE
El buen humor de Mia había sido arruinado por Alexander, como siempre ocurría.
Él era el único capaz de cambiar su estado de ánimo de dulce a agrio en menos de un minuto.
En ese momento, los cuatro viajaban hacia el lugar al que Mia se dirigía originalmente, pero con su humor ya arruinado.
Rachel y Mia iban en el asiento trasero, mientras que Mark se sentó al lado de Alex, quien conducía.
—¿Vas a decirme adónde quieres ir o tengo que seguir conduciendo sin rumbo? —la voz de