CAPÍTULO TRECE
Alex se paró frente al espejo y miró de reojo la silueta dormida de Mia a través del reflejo por segunda vez. No tenía idea de por qué no le había pedido que se fuera a su propia habitación.
Otra cosa: no tenía idea de qué le había pasado ayer mientras tenía s*xo con ella, porque nunca solía ser tan gentil.
Pero de algo estaba seguro: ella era demasiado inocente, y podía notarlo con solo mirarle la cara.
Para él, aquello era únicamente una relación física hasta que ella quedara e