Narrado por LunaÉl aún tocaba mi intimidad sin ningún pudor y me miraba con esa mirada oscura y dominante que me dejaba sin aliento, como si pudiera desnudarme solo con los ojos. Odiaba lo que me hacía sentir —el escalofrío, el calor, el impulso de acercarme cuando debería huir.Antes de que pudiera reaccionar, me atrajo de nuevo, aprisionándome contra su pecho. Sus labios encontraron mi cuello, deslizándose lentos, hambrientos, dejando un rastro de fuego por donde pasaban.—Dio… tu olor me vuelve loco, piccolina… —murmuró, rozando los labios en mi piel, susurrando cosas sucias que me hacían estremecer de vergüenza y deseo.Mi cuerpo lo odiaba, pero lo reconocía. Y esa contradicción era mi peor castigo.—Alex, por favor… —intenté decir, pero mi voz salió como un suspiro.Fue entonces que la voz de la sirvienta, Amália, cortó el aire:—Señor Morano… yo… lo siento, no quería interrumpir.El mundo se detuvo. Él levantó el rostro, aún pegado a mí, y la miró con frialdad.—¿Qué pasa, idio
Ler mais