Los dedos de Blade se movieron ligeramente, entrelazándose con los de ella con debilidad.—Oye, no te sientas mal —susurró, con la voz como un crujido seco—. No es tu culpa. Hice una promesa, ¿recuerdas? Te dije... que no morirías bajo mi guardia. Solo soy un hombre de palabra.Un violento temblor lo sacudió. Se inclinó sobre el borde de la camilla y tosió una sangre espesa y oscura que salpicó el suelo de baldosas blancas. Sin embargo, cuando volvió a levantar la vista, esa sonrisa conmovedora permanecía en su rostro. Se estaba muriendo, y estaba en paz con ello.Julius se arrodilló al otro lado, con el rostro convertido en una máscara de dolor.—Este no era el plan, Blade. Se suponía que lideraríamos esta manada juntos. Se suponía que envejeceríamos juntos.La respiración de Blade se volvió superficial, atascándosele en el pecho.—Los planes cambian, Julius. Especialmente después de lo que mi padre le hizo a esta manada. He cargado con su vergüenza durante tanto tiempo... Tal vez es
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