Sentí el pulgar de Rafael rozar mis nudillos, solo una vez, y se me cortó la respiración en la garganta. Cuando lo miré de reojo, ya estaba mirándome por encima de la cabeza de Lucía, y articuló en silencio: «¿Esto es real?» Asentí, sin confiar en mi voz, y sentí que las lágrimas picaban en mis oj
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