Rose quedó devastada cuando los resultados de laboratorio confirmaron que tenía cuatro semanas de embarazo. Aunque intentó mostrar felicidad delante de Matteo, por dentro sentía algo completamente distinto. En lugar de alegría, estaba abrumada por la confusión.Sus ojos permanecieron fijos en la hoja de resultados mientras luchaba por contener las lágrimas.¿Es esto una bendición... o una maldición?, se preguntó.El bebé que llevaba en su vientre era, sin duda, hijo de Matteo. Sin embargo, ese niño no tenía derecho legítimo a nada, porque Rose estaba viviendo como Romilda. Esto jamás debió haber ocurrido.Lo que más aterraba a Rose era pensar que, si conservaba al bebé, Romilda podría intentar arrebatárselo. Por supuesto, nunca abortaría; ya sentía cómo el amor florecía en s
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