Yo no sabía besar.Nunca me había interesado aprender.En mi mundo, los besos no eran una prioridad ni una promesa; eran un lujo que otros podían permitirse. Aun así, había visto hacerlo al Alfa Alan y a Lia, más de una vez, en la manada.No era un espectáculo que buscara.Simplemente… era difícil no notarlo.El Alfa parecía incapaz de mantener las manos quietas cuando estaba cerca de ella. Sus dedos siempre encontraban un hombro, una cadera, la curva de su espalda. Yo no lo había entendido entonces. Me parecía innecesario, exagerado incluso.Hasta ahora.Mis labios siguieron los movimientos de Markos con una mezcla de curiosidad y algo más que me sorprendió reconocer como hambre. No una urgencia desesperada, sino una necesidad suave, creciente, que se desplegaba lentamente en mi pecho.Él no me apresuró.Su boca se movía con paciencia, guiándome, invitándome a responder. Yo imité lo que sentía, no lo que sabía. Mis labios aprendían sobre la marcha: la presión, el ritmo, el pequeño ti
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