Capítulo 90. Markos.
Me detuve en seco. Los Bersakers éramos resistentes a muchas cosas, pero nadie se reponía de tener los sesos pegados a la pared. La humana sonrió. —Así es, monstruo. Te quedas quieto o averiguamos cuántos tiros recibes antes de que siquiera puedas decir “florecita”. —Algo extraño para decir en esta situación, humana —comentó el halcón, con un deje de disgusto. Ella agitó el otro brazo, el que no sostenía la pistola, restándole importancia al comentario del ave. Coincidía con él. Mucho. Pero sería estúpido de mi parte señalarle eso a la mujer que me estaba apuntando a la cabeza. —Entonces —continuó ella—, hablemos de negocios, monstruo. Levanté las manos lentamente y las mantuve visibles, sin hacer movimientos bruscos. —Aun sin saber las localizaciones exactas de los cachorros —dijo—, tienes información interesante. El Coliseo, aunque técnicamente está abierto al público, es un maldito agujero negro. No he logrado recolectar gran cosa sobre lo que pasa ahí dentro. No solo qui
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