Las despedidas con su madre tardaron veinte minutos más de lo necesario.No era algo inusual. Las salidas de su madre siempre habían sido producciones: una serie de cosas finales que recordaba decir, objetos que necesitaba localizar, instrucciones que sentía la obligación de dejar sobre la situación del pimentón, el estado de su refrigerador y si él estaba durmiendo lo suficiente, durmiendo de verdad, no simplemente acostado en la oscuridad pensando en el trabajo, porque ella siempre podía notar la diferencia en su rostro y últimamente su rostro le estaba diciendo cosas que él no decía en voz alta.-Trabajas demasiado, dijo ella en la puerta, mientras se ponía el abrigo.-Lo has estado diciendo desde que tenía veintidós.-Y he tenido razón desde que tenías veintidós. Abotonó el abrigo con eficiencia practicada y lo miró con esa expresión particular que significaba que no solo lo estaba mirando, lo estaba viendo. Te ves mejor, sin embargo. Algo es diferente en ti.-No ha cambiado nada.
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