Joanne Reyes llegó a las siete en punto.
Ni un minuto antes, ni un minuto después — una precisión que no era accidental y nunca lo había sido, en los cuatro años que Diego había trabajado con ella. Llamó dos veces, un patrón específico que él reconoció, y entró por la puerta antes de que él hubiera terminado de decir adelante, lo cual también era característico. Se movía por los espacios como alguien que ya los había evaluado antes de entrar — sin apresurarse, observadora, con la calidad partic