Will la besó de nuevo. Fue un beso más profundo y apasionado. Sus labios se desplazaron hacia su cuello. Besó cada marca que había dejado el ataque, como si intentara sustituir el tacto de Maurice por el suyo propio.El corazón y el cuerpo de Emma estaban en guerra. Su cuerpo anhelaba dejar que Will borrara el tacto persistente de Maurice. Pero su corazón seguía teniendo miedo.No estaba preparada para tener intimidad tan pronto, y en un estado tan vulnerable, se perdería para siempre en William Stewart. Él era un océano, y ella no sabía nadar. Emma se apartó de él.—No puedo —susurró, pero apartó la mirada de él. La lujuria en sus ojos siempre era demasiado para ella. Sabía que si lo miraba ahora, no sería capaz de resistirse a él. Will se alejó, con el rostro suavizado por la sorpresa. Pero en cuestión de segundos, su expresión se transformó en su habitual sonrisa burlona.—¿Me estás rechazando? —preguntó él.«Por favor, Will», suplicó ella. «Quiero hacerlo. Pero... ahora no. No est
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