--- Al notar que la expresión de Luana había cambiado y se mostraba extraña, Alessandro le preguntó: —Luana, ¿qué pasa? Para no preocupar a los niños, Luana respondió: —No es nada, solo un detalle sin importancia. Al ver que no quería decir más, Alessandro no insistió y fingió seguir jugando con los pequeños como si nada hubiera ocurrido. En el fondo, Alessandro pensaba que Luana no le contaba ciertas cosas porque, en algunos ámbitos de negocios, también eran competencia. Justo cuando se disponía a irse a dormir, alguien llamó de repente a su puerta. Era Luana. —¿Puedo entrar? Alessandro se miró brevemente la toalla que llevaba enrollada a la cintura y sonrió: —Claro, pasa. En cuanto Luana entró, sus ojos se detuvieron en su figura. Desvió la mirada al ver la sonrisa traviesa que iluminaba el rostro de Alessandro; incluso sus cejas marcadas, afiladas como espadas, se suavizaban con una ligera curva, como si siempre estuvieran a punto de sonreír, semejantes a una luna creciente en el c
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