Al escuchar las insistentes llamadas a la puerta, Helza no respondió de inmediato, sino que miró fijamente a Vivian:—Vivian, dime de una vez, ¿los dejamos entrar o no?A Vivian no le importaba si los demás se burlaban de ella o si decían que estaba demasiado apresurada por casarse. Después de todo, ya habían registrado su matrimonio legalmente y eran marido y mujer ante la ley, por lo que era completamente normal que tuviera ansias de ver a su esposo. Así que respondió sin dudar:—Déjenlos entrar.En cuanto Luana abrió la puerta, Marcelo actuó con la velocidad del rayo; lo primero que hizo fue trabar el pie en la rendija, calculando que si Luana intentaba cerrar la puerta de nuevo para jugar, no lo conseguiría.Marcelo entró corriendo a la habitación, ignorando por completo el destino de sus amigos, y avanzó directo hacia Vivian exclamando con el corazón en la mano:—¡Esposa, ya estoy aquí!Los ojos de Vivian, claros como el agua en otoño, se fijaron en él, brillando con una intensid
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