—Pero, señorita...Al ver que Luana caminaba cada vez más rápido, llegando a adelantarse y quedar frente a él, Pedro se sintió ansioso y corrió a alcanzarla a toda prisa.—Señorita, ¿cómo podría permitir que se ponga en peligro? —dijo Pedro, impotente.Su deber era proteger a Luana y dejar que ella resolviera todo. El ataque a Mateus ocurrió tan repentinamente que nadie esperaba que fuera alcanzado. Además, ¡nadie sabía todavía quién había herido a su hermano porque la escena de hace un momento era un caos absoluto! Si Luana también resultaba herida en este momento, toda la familia Curie perdería su pilar y entraría en un descontrol total.De repente, Luana se detuvo y se giró para mirar a Pedro. Las lámparas incandescentes en la entrada de la mina, cada una con una potencia de varios cientos de vatios, hacían que su rostro luciera pálido. Sus ojos, al natural, estaban muy rojos por el cansancio, pero llenos de determinación y confianza.—Confía en mí, ¿de acuerdo? —dijo Luana.Pedro
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