Después de despertar, Camila no perdió tiempo: organizó una rueda de prensa improvisada en su propia habitación del hospital. Reporteros de diversos medios la rodearon, ávidos por el escándalo del momento.Aunque la madre de Camila estaba nerviosa frente a tantas cámaras, superó su miedo por el éxito del plan de su hija. Bajó la cabeza, respiró profundo y al levantarla mostraba la expresión de una madre con el corazón destrozado.Frente a los micrófonos relató, entre sollozos dramáticos, todos los supuestos "crímenes" de Luana, secándose las lágrimas mientras fingía estar profundamente conmovida por su propio relato.—¡Miren todos! ¡Vean cómo esa mujer maltrató a mi pobre hija! —exclamó, señalando la cama.Las cámaras se dirigieron a Camila, que estaba acostada, inmóvil, con el rostro pálido y labios sin color. El maquillador que contrató en secreto hizo un trabajo impecable; si no fuera por el leve movimiento de su pecho, cualquiera pensaría que estaba al borde de la muerte.—Mi queri
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