Capítulo 105 —Encaje, hilos y estrategias de guerra—¡Que no vas a firmar nada más por hoy, Maribel! Mueve ese cu*lo de ejecutiva fuera del escritorio porque nos vamos ya mismo a almorzar —sentenció Beatriz, quitándole la estilográfica de la mano a su amiga y arrojando la carpeta de balances al cesto de entrada con soltura.Maribel parpadeó, acomodándose los puños de su chaqueta de sastre con un gesto de resignación que denotaba que, contra Beatriz, su brillantez corporativa no tenía herramientas de defensa.—Bea, por favor, tengo una videoconferencia con los auditores de Londres a las tres —protestó Maribel, intentando recuperar el bolígrafo—. Además, ya desayuné bien con Sergio y Pedro en la casa porque sabía que hoy tendría un día complicado. Así que no tengo hambre.—A mí no me importa Londres, ni los auditores, ni lo que hayas comido con el gigante ególatra —replicó Beatriz con una desfachatez absoluta, tomándola del brazo para levantarla del asiento en un ademán inquebrantable—.
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