ALIANA Deciden relajarse y ser menos duros conmigo.Tal vez creen que ya he tenido suficiente. O quizá parece que me estoy quedando sin energía.Es su error asumir que las drogas y el miedo me mantendrán quieta. La verdad es que la rabia cambia hasta dónde estoy dispuesta a llegar. Quienquiera que les haya dicho que era fácil de manejar les mintió, o tal vez omitió detalles importantes, como lo que pasa cuando dejo de contenerme.Estoy enfadada.La niebla se pega a las ventanas mientras el auto avanza y el metal muerde mi sien, constante e implacable. Manos atadas hacia adelante —las bridas se clavan—, un error que no admitirán. La primera señal de descuido por su parte siempre es la que más importa.Justo a mi lado, un hombre toca la pantalla, riéndose por lo bajo.“…sí, el jefe dijo que ya no es un problema.”Sonrío.No es un problema.Un leve crujido sale de mi muñeca izquierda cuando la giro. El plástico muerde, pero cede un poco. No lo suficiente para liberarme, solo lo suficien
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