Han pasado diez años desde que Lucas Rafael Montenegro se fue. El año es 2124. La casa grande de Santo Domingo sigue en pie, más viva que nunca. El flamboyán que plantaron sus bisnietos ya da una sombra generosa sobre las tumbas familiares. Tres lápidas sencillas descansan bajo sus ramas: la de Lucas Montenegro, la de Isabel y la de Lucas Rafael.La familia ha crecido. Ahora son seis generaciones compartiendo el mismo techo cada vez que se reúnen. La Fundación Lucas Montenegro opera en siete países y ha ayudado a más de cuarenta mil niños que, como el bisabuelo, se sentían divididos entre dos mundos, dos culturas, dos corazones.Esa tarde, la casa está llena otra vez. Es el cumpleaños número cien de la fundación y han venido familiares de Madrid, Barcelona, Miami y Santo Domingo. La mesa larga del comedor apenas alcanza para todos. Hay sancocho, paella, mangú, tostones y tortilla española. Dos mundos que ya no compiten, sino que se abrazan en cada plato.Valeria, ahora con cuarenta y
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