—¡No más que tú! ¡Lárgate de aquí, no te soporto más, estúpida! —respondí con voz quebrada, mientras contestaba a sus golpes. Seguimos enredadas, golpe tras golpe, empujón tras empujón, sin tregua, hasta que el sonido del timbre del apartamento irrumpió en nuestra furia. Ambas nos detuvimos, sorprendidas, mirándonos con la respiración entrecortada y los rostros enrojecidos.Me separé de ella y corrí hacia la puerta con el corazón palpitante. Cuando abrí y vi quién estaba al otro lado, mi cuerpo se debilitó y, sin pensarlo, me lancé a sus brazos.—¡Valentino! —susurré, buscando consuelo en su pecho. Pero él no me abrazó. Me apartó con frialdad, mirándome con indiferencia.—¿Qué carajo te pasa? ¿Por qué estás así? —preguntó, con la voz dura como el hielo.—¡Porque esa maldita me pegó, ya no la soporto! Quiero que se largue de aquí, ya no puedo mantenerla —me quejé, señalando a Antonella, con lágrimas en los ojos.Valentino entró al apartamento con paso firme, sin siquiera mirarme. Se vo
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