Al notar la presencia policial, Antonella se bajó rápidamente de Valentino y, en medio del caos, clavó su mirada directamente en mí.Su cuerpo ya no era como antes, estaba más delgada, tenía ojeras y su cabello rojo ya no brillaba, estaba en total decadencia.—¿Qué haces aquí, Leandro? —preguntó Antonella, avanzando hacia mí sin ningún pudor, todavía desnuda.—Vístete, Antonella —ordené, girándome para evitar mirarla. Uno de los policías le pasó una manta, con la que ella se envolvió rápidamente el cuerpo, mientras otro oficial informaba a Valentino de los motivos de su detención.Valentino, al darse cuenta de la gravedad de la situación, empezó a vestirse con movimientos lentos y calculados, pero sus ojos ardían con una rabia descontrolada, mirándome con un odio feroz. Después de un momento, un policía le leyó sus derechos y le puso las esposas, asegurándole las manos a la espalda.Cuando pasó a mi lado, no pude contenerme. Antes de que el policía lo sacara del apartamento, le propin
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