Jasemin.Descubrí que Aaron nunca necesitó cumplir su amenaza, simplemente la convirtió en una realidad.No volvió a buscarme, ni mencionarme aquella conversación en la sala del consejo y tampoco hizo el menor intento por convencerme de permanecer en Babel. Durante varios días llegué a pensar que quizá el trabajo había terminado absorbiéndolo por completo y que el asunto había quedado atrás, hasta que una mañana el mayordomo principal llamó a la puerta de mi habitación para informarme, con la misma serenidad con la que habría anunciado el menú del almuerzo, que mis pertenencias ya habían sido trasladadas al ala oriental del palacio y que las nuevas habitaciones asignadas a mi persona estaban listas.No pidió mi opinión, ni esperó una respuesta, simplemente añadió que disponía de una hora para instalarme porque esa misma noche tendría lugar una cena oficial con dos delegaciones extranjeras y, por orden del rey, mi presencia era obligatoria.Tardé unos segundos en reaccionar.—¿Mi prese
Leer más