105. Declaración
BrancaLa sala estaba demasiado silenciosa, un silencio sofocante que se infiltraba por los rincones. La delegada se sentó frente a mí, con una carpeta gruesa entre las manos, organizada como un arma cargada. Su expresión era neutra, pero sus ojos… aquellos ojos eran cuchillas afiladas, cortando el aire entre nosotras. Ningún juicio aparente, solo una escucha voraz. Aun así, mis manos temblaban en el regazo, frías como si la sangre hubiera huido de ellas.«Puede comenzar desde el principio», dijo, con voz baja, casi un susurro conspirador. «Sin prisa. No estoy aquí para presionarla, solo para conocer su versión de la historia y si lo que dijo su marido es verdad.»Respiré hondo, pero el aire entró rasgando, como si mis pulmones estuvieran hechos de papel. El pasado llegó como una avalancha oscura.«Jonathan siempre fue violento», comencé, con la voz ronca, cargada de un veneno antiguo. «No solo con los puños. Devoraba el control. Decidía qué me ponía, qué comía, qué pensaba. Cuando qu
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