Su nombre cayó de sus labios como un recuerdo.No fuerte. No autoritario. Solo… real.Katherine se quedó congelada, todo su cuerpo tensándose en el instante en que lo escuchó. Su mano seguía ligeramente atrapada entre la de él, pero ya no lo estaba mirando a él; miraba a través de él, como si intentara averiguar si aquello era alguna cruel ilusión de su mente agotada. Como si, si lo observaba fijamente el tiempo suficiente, él fuera a desvanecerse y convertirse en otra persona.Pero no lo hizo.Seguía allí de pie —Kingsley. Quizá un poco mayor que la última vez que lo vio, tal vez con más cansancio alrededor de los ojos. Su cabello estaba más largo, ya no perfectamente peinado hacia atrás como antes. Llevaba un suéter gris sencillo y pantalones oscuros, algo inusualmente… normal. Despojado de elegancia. Y aun así, era inconfundiblemente él.Katherine retiró la mano de golpe, como si le quemara.—Tú… —Su voz salió tensa. Forzada—. ¿Qué haces aquí?—Yo no… quiero decir, no sabía que est
Ler mais