La chica pide a gritos que detenga el auto, obviamente el hombre no lo puede hacer porque es un lugar desconocido para ambos y no es conveniente.—Madison, perdóname, sé que cometí un error al dejarte en ese lugar, debí pensar mejor las cosas. Pero entiende que me enfureció ver a mi madre tirada en el suelo como una pordiosera mientras tú sostenías el cuchillo en la mano, ¿qué crees que pensaría?—Ya basta con mencionar a esa mujer, ella es una mentirosa. Debes de creerme que yo la traté con respeto y ni siquiera me opuse cuando ella me amenazó para que me divorcie de ti, eso no lo notas en ella, ¿verdad? Ella me odia, Arnaldo, me odia y no se cansará hasta verme lejos de ti.—Pero, ¿sabes qué? Dile que muy pronto se cumplirán sus deseos y podrá ser feliz con la nuera que de verdad quiere.—No digas eso, Madison. Te creo lo que dices, lo juro.—Ya es muy tarde, debiste creerme en el momento, ahora ya no vale tu intento de arreglar las cosas, el daño ya está hecho y no se puede borrar
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