Madison no puede creer que su esposo, el hombre que dejó en el pasado, ahora se encuentre de casualidad frente a ella y que, ha ayudado al niño cuando en el pasado reciente era un ogro al que nadie podía siquiera acercarse sin su consentimiento.—¡Hola, Arnaldo! —Saludó con respeto, tomando a su sobrino en brazos, dispuesta a desaparecer.—Espera. ¿Estás embarazada? —Volvió a preguntar con la voz entrecortada. Aunque dudando de la situación, pues, no tenía señales de estarlo.—Sí, lo estoy. —Afirmó, dándose la vuelta.—Oye tío, es mi madre la que va a tener un bebé. Mi tía no tienes esposo. —gritó el pequeño, diciendo adiós con la mano y quejándose porque Madison le dio con la palma de la mano en una nalga para que no siguiera hablando.Al escuchar eso, Arnaldo corrió detrás de ellos. Los alcanzó y los detuvo. Por un momento perdió las esperanzas de volver a recuperarla, pero ahora está seguro de que el niño dice la verdad y la mujer de su vida sigue sin novio.¡Tu esposo soy yo! —dij
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