El señor sonrió recordando a la mujer que más amó en su juventud.—Por supuesto que sí, la reconocería de inmediato, hija, uno cuando ama de verdad jamás se olvida de esa persona.—Papá, hay una paciente que tiene el mismo nombre y apellidos que mi mamá. Le he preguntado por el nombre de su esposo y ella me ha mencionado tu nombre, papá.—¡¿Qué!? Es verdad lo que me estás diciendo, hija. No juegues con mis sentimientos.—Sí, papá, es la verdad, pero...—Por favor, hija, llévame a la sala donde ella está.—Cálmate, papá, yo sé que debes de estar ansioso por comprobar mis suposiciones. Pero hay que tener un poco de paciencia, en este momento ella está recién operada y puede ser un peligro para ella verte así de repente.—Tienes razón, hija, pero no, no me puedo esperar más. Yo quiero que me lleves a verla ahora mismo.—Como digas, papá, te llevaré, pero primero iré yo sola para comprobar que ella esté bien y que sea capaz de recibirte. Claro, si es que ella aún se acuerda de ti.—Estoy
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