JADE AL-QALA —Te digo ahora mismo que todo lo que han dicho es mentira, habibti. No hay ninguna boda, no hay ninguna segunda esposa, y ella no ocupa ningún lugar en mi corazón.Hizo una pausa, acercándose un poco más, y su voz se hizo más suave y profunda:—Es cierto que cuando éramos apenas unos adolescentes, nuestros padres acordaron nuestro compromiso por temas de alianzas. Pero eso fue hace muchos años. Con el tiempo, las circunstancias cambiaron y nosotros también. Nunca la amé como se ama a una mujer, nunca sentí lo que siento por ti.—Entonces… ¿por qué está aquí? —le pregunté, con el corazón aún apretado por la duda.—Su padre ha muerto recientemente —respondió él, con voz grave—. Se ha quedado sola en el mundo, sin familia ni refugio. Vino aquí porque no tenía a dónde ir. No es una visita por voluntad propia, es por necesidad. Y solo se quedará por un tiempo, hasta que logre organizar sus asuntos y tenga un lugar a donde ir. No es más que una pariente sin hogar, nada más.Se
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