La voz del pastor resonó con claridad en el salón decorado. «Chris Hawkins, ¿aceptas a Sydney Marshall como tu esposa, en la prosperidad y en la adversidad, en la muerte, en la enfermedad y en el dolor?».Chris sonrió con esa sonrisa cálida y serena que Sydney conocía tan bien. «Sí, acepto».El pastor se volvió hacia ella. «Sydney Marshall, ¿aceptas a Chris Hawkins como tu esposo, en la prosperidad y en la adversidad, en la muerte, en la enfermedad y en el dolor?».Sydney sintió que el corazón se le aceleraba. Asintió, intentando mantener la voz firme a pesar de los nervios. «Sí, acepto».La multitud estalló en vítores y aplausos mientras el pastor sonreía. «Sellando este voto, los declaro marido y mujer. Pueden besar a la novia».Se miraron y, por un instante, el mundo entero se redujo a ellos dos. Chris se inclinó, pero sus frentes chocaron incómodamente y ambos se apartaron riendo. —¡Dios mío! —susurró Sydney, aún riendo—. ¿De verdad estás intentando avergonzarme? ¡No me digas que
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