Capítulo 84 — Promesas bajo la misma sangreEsa mañana la casa respiraba distinto. No era el silencio tenso de los días de guerra, ni el murmullo vigilante de las estrategias. Era otra cosa. Algo más ligero… casi humano. Como si, por primera vez en mucho tiempo, la vida se hubiera atrevido a entrar sin pedir permiso.Anastasia lo sintió desde que abrió los ojos y se estiró sobre la cama. Odessa dormía a su lado, pequeña, tibia, con ese gesto sereno que parecía burlarse del caos que había rodeado su llegada al mundo. Anastasia pasó los dedos por su mejilla con suavidad, como si aún no terminara de creer que todo aquello era real.— Buenos días, mi pequeña guerrera — susurró.La niña se movió apenas, aferrándose inconscientemente a la tela de su blusa. Anastasia sonrió. Habían pasado días desde el enfrentamiento final. Días en los que las heridas comenzaron a cerrar, algunas en la piel… otras más profundas, más lentas, pero cerraban.Su padre ahora estaba presente en sus vidas, no como
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