LA PERSONA MÁS IMPORTANTE—Te doy el celular —grité, aterrorizado.Pero no solo grité. Ya estaba en la sacada. Y ella seguía allí, sentada en el borde, como si fuera algo normal, cuando estaba poniendo en riesgo no solo su vida, sino también la de nuestro bebé.—¡Entra! —supliqué, con la voz quebrada—. Por favor, entra y sal de ahí. Te doy el celular. Es más, puedo comprarte todos los celulares del mundo.—Ahórrate tus exageraciones. Solo los usas cuando te conviene. ¿Para qué querría tantos celulares?—Para llamar... a tu perro imaginario. O a tu helecho.—Odio los helechos —finalmente bajó del borde.Cuando descendió, perdió el equilibrio y casi cayó. La sostuve y, sin pensarlo, la abracé. Intentó apartarse, y respiré hondo, recordando que debía darle espacio.Cuando se separó, vi lágrimas en sus ojos. Joder, eso me destrozaba. ¿Qué estaba haciendo? Era la mujer que amaba. Y estaba esperando un hijo mío.Entre la duda y el riesgo de que me odiara y la perdiera para siempre, prefería
Leer más