¿TUVISTE UNA INFANCIA FELIZ?
Maria Fernanda rió y sentí que se relajaba. Apoyó la espalda en mi pecho y recostó la cabeza en mi hombro:
—No quiero una cortadora de césped.
—¿Qué quieres? —pregunté.
—¿Puedo pedir cualquier cosa?
—Sí… menos acostarte con otro hombre.
Manzanita dibujó con los dedos algo en mi mano, sobre su vientre sumergido.
Era ahora cuando pediría el celular, salir de la mansión o que me suicidara frente a ella. Prometí darle lo que quisiera, pero sabía que no podría cumplirlo.