LA LLAMADA
Le arranqué el celular de la mano. Si pudiera, le arrancaba la mano también.
—Estás loca, no puede ser. —me faltó apenas un tono para que fuera un grito.
—El trato era un abrazo, una llamada en altavoz y entonces yo podría llamar a la persona más importante de mi vida —levantó el dedo anular, restregándome la maldita tatuaje—, la persona más importante de mi vida: Michael.
La sonrisa fue de puro descaro. Dudé si de verdad ese chico zombi, después de todo lo que había hecho, seguía si