Bajé tambaleándome por el pasillo, con las piernas aún doloridas por la primera fase de la competición. Me dolían todos los músculos y mi cuerpo me pedía a gritos un descanso. Sentía la cabeza pesada, los hombros tensos, pero tenía que seguir adelante. Necesitaba llegar a mi habitación, cerrar la puerta, darme un baño caliente y, por fin, respirar.Entonces me quedé paralizado.Aédrico.Allí estaba, alto y sereno, con esa misma seguridad que siempre lo caracterizaba. Sentí un nudo doloroso en el estómago. No esperaba verlo allí, no ahora, no estando tan cansada y dolorida.Mi primer instinto fue retroceder, pero antes de que pudiera moverme…La mano de Kaelen rodeó mi cintura.Su tacto era firme, posesivo. Mi cuerpo se tensó cuando su mirada fría y penetrante se posó en Aedric. Era una mirada capaz de cortar el acero. Mi corazón dio un vuelco de miedo, de anticipación, mi vagina se contrajo y mi pezón se endureció con su tacto.—Voy a tus aposentos, conejita —dijo Kaelen con voz baja,
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