Su lengua se hundió en mí, profunda y rápida, haciéndome temblar incontrolablemente. Nunca había sentido nada igual. Todavía era virgen, y cada nervio de mi cuerpo gritaba, pero no podía dejar de frotarme contra él. Mis manos arañaban el escritorio, mi coño goteaba por todas partes, cubriendo su boca con mi humedad."Sabes tan jodidamente dulce", gruñó, su aliento caliente contra mi coño haciéndome gemir más fuerte. "Podría comerte cada segundo del día, calabacita. Eres mía".Su lengua rodeó mi clítoris, lamiéndolo una y otra vez, torturándome. Mis caderas se movían solas, desesperadas por más, necesitando correrse."Yo... voy a... Kaelen... oh", grité, con la voz quebrándose, arqueando el cuerpo.Gimió, devorándome con avidez, deslizando su lengua dentro y fuera, succionándome hasta dejarme sin aliento. Mi coño se contrajo a su alrededor, tan fuerte que podía sentir cada centímetro. Nunca me habían tocado así. Él lo sabía, y lo vi en sus ojos… el hambre, el deseo oscuro.Entonces se
Leer más