El dolor me atravesó… pero no era el que temía.
Esto era peor.
Era agudo. Ardiente. Intenso.
Jadeé cuando algo se movió dentro de mí, como una puerta que se abre después de haber estado cerrada demasiado tiempo. Mi visión se nubló por un segundo, y entonces…
Oro.
El mundo se volvió dorado.
Retrocedí tambaleándome, con el corazón latiendo con fuerza, y levanté las manos lentamente. Contuve la respiración.
Mis ojos… podía sentirlos brillar, el calor pulsando tras ellos. Y entonces sucedió…
Una ga